El ejercicio es clave para prevenir y tratar las enfermedades cardiovasculares

El ACC destaca el ejercicio en la prevención cardiovascular

El ejercicio debe incorporarse como una herramienta fundamental para prevenir y tratar las enfermedades cardiovasculares, según una nueva declaración científica del Colegio Americano de Cardiología (ACC, por sus siglas en inglés). Publicado en la revista Journal of the American College of Cardiology (JACC), el texto ofrece pautas para prescribir actividad física a adultos sanos y a personas con enfermedades cardiovasculares.

El documento destaca que los mayores beneficios sobre el riesgo cardiovascular se producen cuando las personas sedentarias comienzan a realizar actividad física, incluso si el aumento inicial es pequeño. También señala que una prescripción eficaz debe ser segura, individualizada, alcanzable y sostenible a largo plazo.

La declaración advierte que la baja aptitud cardiorrespiratoria es un predictor de futuras enfermedades cardiovasculares comparable con factores de riesgo tradicionales, como el tabaquismo, la hipertensión, el colesterol elevado y la diabetes. Sin embargo, indica que la prescripción de ejercicio todavía no se incorpora de manera sistemática a la atención cardiovascular habitual.

Según los autores, la actividad física regular, el ejercicio estructurado y la mejora de la aptitud cardiorrespiratoria contribuyen a aumentar la capacidad de ejercicio, reducir las hospitalizaciones y mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedades cardiovasculares.

Cuánto ejercicio recomienda el ACC

La declaración establece que los adultos deberían acumular al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada o 75 minutos de intensidad vigorosa. También señala que, en general, los beneficios aumentan con mayores volúmenes de actividad, dentro de los límites adecuados para cada condición clínica.

Para la mayoría de los adultos, el documento recomienda combinar el ejercicio aeróbico con entrenamiento de fuerza. Asimismo, contempla actividades orientadas al equilibrio y la flexibilidad como parte de un abordaje integral, especialmente en personas mayores o con limitaciones funcionales.

La prescripción debe considerar la frecuencia, la intensidad, la duración, el tipo de actividad y la progresión del entrenamiento. Estos componentes, conocidos como el principio FITT, deben ajustarse a la condición cardiovascular, los síntomas, los medicamentos, las enfermedades concomitantes, los objetivos terapéuticos y las preferencias personales.

El ACC también destaca que no es necesario alcanzar los 10.000 pasos diarios para obtener beneficios. La declaración cita estudios que relacionan una mayor cantidad de pasos con una reducción de la mortalidad y los eventos cardiovasculares. Uno de los metaanálisis mencionados, que reunió 51 estudios, encontró que caminar 7.000 pasos diarios se asociaba con un riesgo 47% menor de mortalidad por todas las causas y por enfermedades cardiovasculares, en comparación con registrar 2.000 pasos diarios.

A partir de esta evidencia, el documento plantea que alcanzar aproximadamente 7.000 pasos puede ser una meta práctica para muchos adultos, aunque también reconoce los beneficios de cantidades menores de actividad.

Las pruebas de esfuerzo antes de comenzar a entrenar

Uno de los puntos centrales de la declaración es el uso de pruebas médicas antes de iniciar un programa de ejercicio. El ACC sostiene que las pruebas de esfuerzo rutinarias no son necesarias para la mayoría de las personas asintomáticas o clínicamente estables.

El documento advierte que los estudios innecesarios pueden convertirse en una barrera para comenzar a realizar actividad física. Entre los motivos que señala se encuentran la posibilidad de obtener resultados falsos positivos en personas asintomáticas y la limitada capacidad de estas pruebas para predecir determinados eventos cardiovasculares.

Sin embargo, la declaración no descarta su utilidad cuando existe una indicación clínica. En personas con enfermedad coronaria crónica o insuficiencia cardíaca, por ejemplo, recomienda considerar las pruebas cuando los síntomas, un deterioro clínico reciente o la planificación de ejercicio vigoroso planteen dudas sobre la seguridad de la actividad.

Cuando están indicadas, las pruebas pueden ayudar a determinar la capacidad funcional, identificar signos de isquemia, arritmias o respuestas anormales de la presión arterial y establecer una intensidad inicial de entrenamiento adecuada. El documento también señala que algunas afecciones de mayor riesgo, como la miocardiopatía hipertrófica y las cardiopatías congénitas del adulto, pueden requerir pruebas con fines diagnósticos.

Recomendaciones para personas con enfermedades cardiovasculares

En pacientes con enfermedad coronaria, la rehabilitación cardíaca continúa siendo el tratamiento de primera línea en situaciones como un infarto reciente, una intervención coronaria percutánea, una cirugía de revascularización o una angina estable. Para quienes no pueden acceder a un programa formal de rehabilitación, el ACC recomienda avanzar hacia al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, siempre que su condición clínica lo permita.

En personas con enfermedad arterial periférica y claudicación intermitente, la declaración recomienda el ejercicio supervisado o estructurado como tratamiento inicial. Las sesiones de caminata deben alternar períodos de actividad con descansos y progresar según la tolerancia.

Para los pacientes con insuficiencia cardíaca, el documento destaca los beneficios del ejercicio sobre la capacidad funcional y la calidad de vida, aunque aclara que el impacto sobre los eventos clínicos puede variar según el tipo de insuficiencia cardíaca. En estos casos, la evaluación y la prescripción deben contemplar los síntomas, la gravedad de la enfermedad y el riesgo de arritmias.

En personas con hipertensión, el ACC recomienda combinar el tratamiento farmacológico con actividad aeróbica y entrenamiento de fuerza. También advierte que no se debería realizar ejercicio cuando la presión arterial sistólica en reposo supera los 200 mmHg o la diastólica supera los 110 mmHg. Además, aconseja evitar contener la respiración durante los esfuerzos, especialmente al levantar pesas, debido a los cambios importantes que puede provocar en la presión arterial.

Ejercicio, obesidad y envejecimiento

La declaración también aborda la prescripción de actividad física en personas con sobrepeso u obesidad. Señala que el ejercicio por sí solo suele producir una pérdida de peso limitada, pero que, combinado con cambios en la alimentación, puede contribuir a reducir el peso y mantener los resultados obtenidos.

En estos casos, recomienda priorizar una intensidad aeróbica moderada para favorecer la adherencia y reducir el riesgo de lesiones. También destaca el papel del entrenamiento de fuerza para preservar la masa muscular, especialmente en personas que atraviesan procesos de pérdida de peso.

Para los adultos mayores, el documento plantea que las recomendaciones deben ajustarse al estado general de salud, las enfermedades concomitantes y la capacidad funcional. En quienes presentan fragilidad, el entrenamiento debería centrarse inicialmente en mejorar la fuerza, el equilibrio, la movilidad y la flexibilidad antes de avanzar hacia programas de resistencia aeróbica convencionales.

La declaración menciona pruebas funcionales, como la caminata de seis minutos, el test Timed Up and Go y las pruebas de levantarse de una silla, para evaluar distintos aspectos de la movilidad, el equilibrio y la capacidad física en esta población. Para leer el documento completo, visita aquí.

Compartir esto