Mayor actividad física podría vincularse con menor riesgo de ELA
Mantener niveles más altos de actividad física y tener un patrón de sueño alineado con las horas de luz podrían estar vinculados con un menor riesgo de desarrollar esclerosis lateral amiotrófica (ELA), de acuerdo con un estudio preliminar difundido el 25 de febrero. Los resultados serán presentados en la 78ª Reunión Anual de la American Academy of Neurology, que se realizará del 18 al 22 de abril en Chicago y en formato online.
El estudio fue liderado por Hongfu Li, médico y doctor en ciencias de la Universidad de Zhejiang, en Hangzhou, China. La investigación no demuestra que estos hábitos prevengan la enfermedad, sino que encontró una asociación estadística entre ciertos comportamientos y el riesgo de ELA.
El autor explica que la ELA es una enfermedad neurodegenerativa poco frecuente y progresiva que afecta a las neuronas del cerebro y la médula espinal. Con el avance del cuadro, las personas pierden la capacidad de iniciar y controlar los movimientos musculares, lo que puede derivar en parálisis total. La expectativa de vida promedio tras el diagnóstico es de dos a cinco años.
En relación con la actividad física, los investigadores calcularon el gasto de energía semanal teniendo en cuenta el tipo de ejercicio, su intensidad y duración. Actividades más exigentes como correr o andar en bicicleta fueron consideradas de alta intensidad; otras como caminar, de intensidad baja.
Al comparar los resultados, observaron que quienes realizaban un nivel de actividad física equivalente a al menos 600 minutos semanales de ejercicio moderado desarrollaron ELA con menor frecuencia. Tras ajustar factores como edad, sexo e índice de masa corporal, ese nivel de actividad se asoció con un 26% menos de riesgo en comparación con quienes se movían menos.
El estudio también analizó los hábitos de sueño. Los participantes fueron clasificados según si eran más bien “madrugadores” -personas que prefieren acostarse y levantarse temprano- o “noctámbulos”, que tienden a rendir mejor en horarios más tardíos. Un total de 277.620 personas fueron consideradas madrugadoras y 166.361 noctámbulas. Entre las primeras, 350 desarrollaron ELA; entre las segundas, 237. Tras los ajustes estadísticos, el perfil madrugador se asoció con un 20% menos de riesgo en comparación con el nocturno.
Además, dormir entre seis y ocho horas por noche también se vinculó con un menor riesgo frente a dormir menos o más tiempo. El autor Li señala que se necesitan «más investigaciones para confirmar estos hallazgos, especialmente en otras poblaciones, ya que el 95% de los participantes eran personas blancas».
La investigación fue financiada por un programa nacional de investigación de China. El trabajo incluyó a más de 500.000 personas con una edad promedio de 57 años, que fueron seguidas durante aproximadamente 14 años. En ese período, 675 participantes (0,14%) desarrollaron la enfermedad.





