Un estudio sugiere que una hormona liberada durante el ejercicio físico puede tener un efecto terapéutico en casos de COVID-19

Un estudio sugiere que una hormona liberada durante el ejercicio físico puede tener un efecto terapéutico en casos de COVID-19

Un estudio de la Universidad Estadual Paulista (UNESP) sugiere que la hormona irisina, liberada por los músculos durante el ejercicio físico, puede tener un efecto terapéutico en casos de coronavirus. La irisina altera la expresión de los genes reguladores de ACE2, los que codifican una proteína a la que se une el virus para entrar en las células humanas.

 

 

“Estos datos son preliminares, aunque representan una señal positiva para la búsqueda de nuevos tratamientos. Estamos sugiriendo un camino de investigación para probar o no el efecto beneficioso de la hormona en pacientes infectados”, afirma Miriane de Oliveira, una de las investigadoras de la Facultad de Medicina de la UNESP.

“La irisina se produce normalmente de forma endógena durante el ejercicio físico continuo. Esta hormona es conocida por la función de modificación metabólica del tejido adiposo blanco, que almacena triglicéridos, lípidos, acumula grasa y puede inflamarse, y tiene una función similar al tejido adiposo marrón”, explica Oliveira.

“Este proceso que realiza la irisina favorece el gasto energético, lo que convierte a la hormona en un agente terapéutico endógeno para enfermedades metabólicas como la obesidad. La hormona también tiene potenciales propiedades antiinflamatorias en los músculos”, añade la científica.

Los autores del estudio realizaron pruebas in vitro (en el laboratorio) en un linaje de células adiposas (adipocitos subcutáneos, responsables de almacenar grasa y regular la temperatura corporal), y observaron que la irisina tiene un efecto modulador sobre genes asociados con la replicación del virus en el cuerpo humano.

Los científicos identificaron 14.857 genes expresados en ese linaje de adipocitos subcutáneos, y al tratar a las células con irisina, vieron que la expresión de varios de esos genes fueron alterados. “El estudio no evaluó la actividad física en sí, pero otras investigaciones demuestran que las personas físicamente activas presentan síntomas de COVID-19 más leves”, dice Oliveira.

La irisina también triplicó un gen fundamental para la protección de las personas, el TRIB3. “Estudios previos prueban que la disminución de este gen ocurre principalmente en los ancianos, lo que puede estar relacionado con la replicación del SARS-CoV-2 y el mayor riesgo de esta población frente al coronavirus”, explica Oliveira.

La investigación, publicada en la revista Molecular and Cellular Endocrinology, describe los datos generados en el estudio postdoctoral de Oliveira, que analizó la acción de la irisina y las hormonas tiroideas en los adipocitos. El trabajo fue apoyado por la FAPESP (Fundación de Investigación de São Paulo).