“La mayoría de los clientes ya regresó”, dice Adriana Silvestre, de Push PTS Miami

“La mayoría de los clientes ya regresó”, dice Adriana Silvestre, de Push PTS Miami

“La mayoría de nuestros clientes ha regresado y es llamativa la cantidad de nuevos usuarios que recibimos”, comenta Adriana Silvestre, una emprendedora argentina radicada desde 2009 en Miami, Estados Unidos, donde montó junto a un entrenador un gimnasio especializado en servicios personalizados, que bautizaron Push PTS.

Muchos de sus nuevos clientes llegaron “porque sus gimnasios habían cerrado o bien porque no cumplían con las normas de seguridad que fijaban los protocolos”, explica Silvestre. En Miami hoy la vida es prácticamente normal y ya no es obligatorio el uso de tapabocas. “Hoy estamos trabajando casi con nuestros estándares habituales”, destaca.

Sin embargo, en Push PTS los entrenadores y el personal de limpieza siguen usando tapabocas –aunque están vacunados-, mantienen los cuidados de limpieza y el gimnasio trata de evitar aglomeraciones. En 2020, este gimnasio se mantuvo cerrado durante tres meses, entre marzo y junio. “El impacto de esos tres meses fue muy fuerte”, relata Silvestre.

“No recibimos prácticamente ninguna ayuda del Estado y estuvimos ese tiempo sin ingresos. Algunos de los entrenadores comenzaron a darles clases particulares a los clientes en sus casas”, dice la emprendedora. Y en esta línea remarca: “En ese periodo, el rol de los entrenadores fue decisivo porque nunca perdieron el ánimo a pesar de las dificultades”.

Al cerrar sus puertas, en Push PTS resolvieron congelar los paquetes de sesiones que sus miembros tenían ya contratados. “No nos pareció hacernos del dinero que la gente había pagado. Así que congelamos sus planes y les dimos la posibilidad de retomarlos hasta un año después de la reapertura ya que al comienzo algunos no se animaban a retomar”, explica.

Cuando el gimnasio finalmente reabrió en junio de 2020, “algunos socios que estaban desesperados por hacer actividad física volvieron desde el día uno”, dice Silvestre, quien también es licenciada en administración de empresas. Como su gimnasio ya trabajaba con grupos reducidos y con cita previa, no le resultó complejo adaptarse a las nuevas normas.

“Solo pasamos de trabajar con cuatro entrenadores personales a la vez a hacerlo con dos sesiones por hora para poder respetar el distanciamiento. Lo más difícil fue lidiar con clientes que se rehusaban a ponerse tapabocas mientras entrenaban, lo cual generó discusiones con otros socios que eran muy estrictos con su uso”, recuerda Silvestre.