Habilitaron la reapertura de piscinas en Uruguay

Habilitaron la reapertura de piscinas en Uruguay

Desde la Secretaría Nacional de Deportes de Uruguay informaron la habilitación para la reapertura de piscinas y vestuarios con un aforo del 30% desde el 8 de febrero pasado. Esto dio paso al inicio de actividades principalmente con fines terapéuticos y de competencia, utilizando la metodología de reservas y con un máximo de una hora por sesión.

En Uruguay, las piscinas estuvieron cerradas desde el 13 de marzo hasta el 1 de julio de 2020. Esa primera reapertura duró solo 4 meses, ya que el 2 de diciembre las autoridades las obligaron a volver a cerrar y recién el 8 de febrero pasado pudieron retomar su funcionamiento.

“Estuvo muy difícil la situación porque en el momento que nos estábamos ganando la confianza de los clientes, se volvió atrás y tuvimos que cerrar de nuevo. Estamos en un ambiente de constante incertidumbre”, subraya Natalia Torres, directora de Flex Club de Montevideo.

Dentro de los protocolos que les exigen para su funcionamiento se encuentran el límite del 30% de aforo, el uso del tapabocas en todas las circulaciones y dentro del vestuario, una separación de 2 metros en el agua y la constante higienización de los lockers y los bancos, una vez finalizada la actividad para que otras personas los puedan usar.

Además, cada sector se encuentra identificado por turno y llevan a cabo una intensa desinfección y limpieza diferenciadas por áreas. Todos los usuarios deben estar registrados en una aplicación, en el caso de Flex Club, donde se les ofrecen clases de hidrogimnasia, hidroterapia y actividad física recreativa para adultos mayores.

En Uruguay, menos las actividades deportivas que tienen contacto físico, el resto está todo habilitado con restricciones de horario en lugares cerrados. “La gente tiene muchas ganas de arrancar, nuestros socios están bien predispuestos porque valoran la actividad desde una perspectiva psicológica, emocional y también social. Es algo que nos hace bien a todos” expresa Torres.

Por su parte, Soledad Roig, directora de Espacio SAJ manifiesta: “Realmente fue muy complicado, por cómo nos afectó todo el tiempo que estuvimos cerrados. Nosotros no pagamos alquiler, pudimos mantener una cuota social que pagaron 40% de los socios, lo que nos ayudó a cubrir los gastos fijos, pero fueron meses que la empresa no funcionó y nosotros vivimos de esto”.

“Yo creo que la gente tiene miedo al contagio pero prioriza el espacio de la actividad física – agrega –.

Hasta las personas adultas, que son consideradas de riesgo, prefieren venir a hacer ejercicio y sentirse bien antes que quedarse duras en sus casas. Y toda la gente que viene se cuida mucho, adaptándose de la mejor manera”.