Gimnasios empujados a la clandestinidad

Gimnasios empujados a la clandestinidad

Clandestino viene del latín clandestinus. Clam significa ‘a escondidas’, y su raíz prehistórica indoeuropea es kla, que quiere decir ‘ocultar’.

Por eso, llamamos clandestino a aquello que es secreto o que se desea mantener oculto, en especial por temor a la ley o a las autoridades.

En los últimos meses, nuestro sector ha sido empujado paso a paso a la clandestinidad por una sucesión de decisiones arbitrarias e infundadas, que fueron tomadas por una casta de ineptos e inescrupulosos, disfrazados de funcionarios públicos.

A lo largo de esta interminable película de terror, hemos sido testigos de cómo muchos gimnasios en todo el país tomaron la arriesgada y difícil decisión de ABRIR A PUERTAS CERRADAS para sobrevivir, pero no solo como empresas, PARA SOBREVIVIR.

Un oxímoron es una figura retórica que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado opuesto o contradictorio. Por ejemplo, “silencio ensordecedor”. Ahora, los gimnasios tienen su propio oxímoron: “ABIERTOS A PUERTAS CERRADAS”.

Durante toda la cuarentena hubo gimnasios que siguieron trabajando, porque no podían cerrar, porque no querían o por lo que sea. Al principio, fueron muy criticados, pero hoy el 93% del sector está a favor de que los gimnasios abran aunque no tengan autorización.

Lo peculiar de esta neo-clandestinidad es que está cobardemente avalada por los mismos funcionarios, bajo la inaudita promesa de “abran que no pasa nada, nadie los va a molestar”, pero mantengan el perfil bajo así no se descubre nuestra inmoralidad.

En la vereda de en frente tenemos a otro grupo de funcionarios, igual de cuestionables, que  optaron por los aprietes para desactivar manifestaciones y reclamos, o bien por amenazar con futuras denuncias penales a quienes se animen a desobedecer un decreto provincial.

Un párrafo especial quiero dedicarle a una parte de la prensa, que condicionada por la pauta publicitaria del Estado, actúa como mercenaria del miedo, desinformando, manipulando la opinión pública y generando premeditadamente confusión a través de pseudo-noticias.

Y, en el medio, los gimnasios, que oscilan entre la tristeza y el enojo. “Que me clausuren, si ya estoy clausurado desde marzo”, le escuché a uno decir. “Que me multen, total ya debo seis meses de alquiler”, dijo otro. Perdido por perdido, ¿qué más pueden perder?

“Me siento sucio” me confesó hace pocos días el dueño de un gimnasio que, después de 180 días, finalmente optó por abrir a puertas cerradas, luego de haber recibido el guiño del Municipio local, pero obviamente sin una autorización formal.

Y hacerlo así es una trampa, en la que muchos caen conscientemente, porque saben que están fuera de la ley, totalmente desguarnecidos, asumiendo todo el riesgo, mientras que los funcionarios, cómodos en sus despachos, descomprimen así el conflicto y ganan tiempo.

En algunos municipios, un tanto más creativos, autorizaron a los gimnasios a reabrir, pero con las persianas bajas y el usual pedido de disimulo, para atender únicamente a socios con prescripción médica, que necesiten concurrir –cito textualmente- por cuestiones de salud.

Parece un chiste, pero no lo es. Los mismos a quienes les dimos el poder con nuestro voto de decidir qué comercios son esenciales y cuáles no, son los que se refieren a nuestros gimnasios a veces como espacios de recreación y otras veces como foco de contagio.

Esos funcionarios, cuyos sueldos cobran religiosamente gracias a los impuestos que todos pagamos, son los que nos prometieron subsidios irrisorios y promovieron créditos a tasa cero que muchos gimnasios, aun cerrados, deberán comenzar a devolver en noviembre.

Esos funcionarios son los mismos que, con una sonrisa en la cara y una bandera detrás de su escritorio, nos piden por enésima vez un protocolo –presentado hace meses- para después volver a ningunearnos, cajoneando de nuevo nuestras esperanzas de poder reabrir.

Y, mientras esta película de terror transcurre, todavía muchos de los afectados por esta situación eligen ser espectadores y solo atinan a hacer un comentario despectivo en redes sociales para expresar su malestar y reclamar falta de liderazgo en el sector.

Basta de mirar, juzgar y criticar desde las redes sociales, necesitamos que todos se involucren, porque la pasividad nos hace cómplices. Ya pedimos, ya explicamos, ya demostramos, ya suplicamos, y la respuesta ha sido hasta ahora casi siempre la misma: NO.

La pregunta es: ¿qué vas a hacer vos frente a todo esto? La respuesta claramente no está en la comodidad de un video que ves en la pantalla de tu teléfono, la respuesta está ahí afuera y, a esta altura, siete meses después, aunque te incomode, no te queda otra que salir a buscarla.


Guille Velez

Director de Mercado Fitness | [email protected] | @guillevelez76 | (+54 9 11) 5562 5550

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