En Brasil, SmartFit y Selfit se estarían disputando a Bluefit

En Brasil, SmartFit y Selfit se estarían disputando a Bluefit

Las cadenas brasileñas de gimnasios SmartFit y Selfit estarían en una disputa cabeza a cabeza por quedarse con Bluefit, la segunda mayor red de gimnasios de bajo costo de Brasil. Así trascendió hace un par de semanas en la prensa local (Brazil Journal). Bluefit terminará el corriente año con 80 unidades -30% franquiciadas- en once estados de Brasil.

Tanto desde SmartFit como desde Selfit negaron terminantemente la información publicada por el medio brasileño. Pero lo cierto es que las cuatro mayores cadenas de gimnasios de Brasil tienen como accionistas a fondos privados de inversión, que están permanentemente hablando entre sí para poder llevar adelante operaciones de este tipo.

Así que cuando el río suena… las conversaciones existen, pero no hay nada en concreto aún. De hecho, en junio de este año ya se había echado a rodar el rumor de que SmartFit había alcanzado un acuerdo para avanzar con la compra de Bluefit. No sé si lo soñé, pero escuché que sería por R$300 millones de reales, que equivalen hoy a unos U$ 75 millones de dólares.

Después apareció Selfit –y Brazil Journal asegura que hay otros tres interesados más participando de esta disputa-, que tiene casi 70 sucursales en estados del nordeste, del centro-oeste de Brasil, y alguna presencia más tímida en el norte del país, pero ninguna sede en la ciudad de San Pablo, con lo cual sumar a Bluefit le vendría como anillo al dedo.

Pero del otro lado de la contienda está Edgard Corona, el fundador de SmartFit, con más de 700 unidades en 10 países, una facturación anual superior a los R$ 500 millones (U$ 125 millones de dólares), con inversores detrás como el Banco Patria y GIC. Todos los que conocen a Edgard Corona coinciden en que no hay forma de que pierda esta disputa.

Habrá que esperar entonces porque, de momento, cuando les preguntas al respecto, todos miran para otro lado. Pero también sonríen porque saben se está cocinando hoy en Brasil una feijoada de aquellas, para chuparse los dedos. Esperemos que inviten cuando la cena esté servida y puedan confirmar -entonces sí oficialmente- lo que varios ya intuimos.