“Los gimnasios son menos riesgosos que muchos otros lugares bajo techo”, según un estudio publicado por Nature

“Los gimnasios son menos riesgosos que muchos otros lugares bajo techo”, según un estudio publicado por Nature

El 10 de noviembre se publicó en la revista Nature un estudio de la Universidad de Stanford y Northwestern realizado para examinar el riesgo de reabrir puntos de interés en las ciudades. No obstante, algunos medios de comunicación informaron que los hallazgos de dicho estudio sugieren que los gimnasios son lugares de alto riesgo de transmisión de COVID-19, cuando las conclusiones dicen lo contrario.

“Los resultados aclaran que los gimnasios son menos riesgosos que muchos de los otros lugares bajo techo estudiados, y que los tipos de límites al aforo que implementaron los centros de acondicionamiento físico pueden minimizar el riesgo de transmisión comunitaria de coronavirus”, destaca Alexandra Black Larcom, gerente de Promoción y de Políticas de Salud de IHRSA.

Los datos utilizados muestran cómo las personas se mueven entre varios Grupos de Bloques Censales (CBG en inglés), áreas geográficas que contienen entre 600 y 3 mil personas y visitas a puntos de interés en la comunidad, como restaurantes, gimnasios y organizaciones religiosas. Estos datos pueden indicar a los investigadores qué tan lejos y con qué frecuencia viajaron las personas desde sus hogares y qué Puntos de Interés (PDI) visitaron.

Los investigadores también evaluaron cómo las diferentes subpoblaciones de varios CBG interactuaron cuando visitaron diferentes PDI en toda la comunidad y utilizaron el área, la duración media de la visita y la densidad variable en el tiempo de personas infecciosas en cada PDI para determinar la tasa de infección por hora de ese PDI.

“Los datos muestran que la movilidad se redujo drásticamente en Estados Unidos entre principios de marzo y principios de abril. En Chicago, las visitas a PDI cayeron un 54%. El modelo predijo que si la movilidad no se hubiera reducido en absoluto, las infecciones se habrían multiplicado por más de seis”, dice Black Larcom.

“No podemos decir -continúa- que el estudio analiza una situación en la que la movilidad volvió a niveles pre-pandémicos, lo que, dados los límites de aforo generalizados, tiene una aplicabilidad limitada. Como ha sugerido una investigación anterior, una pequeña cantidad de lugares son responsables de una gran cantidad de casos. En Chicago, el 10% de los POI estaban relacionados con el 85% de los casos”.

“El verdadero titular de este estudio debería ser que los límites de capacidad son un método eficaz para controlar la transmisión de COVID-19 al tiempo que mitigan el daño económico. En Chicago, el estudio predijo que limitar la capacidad al 20% de la ocupación máxima reduciría las infecciones, en comparación con una reapertura completa, en un 80%”, explica.

“La sección de este estudio –prosigue- que probablemente dio lugar a titulares erróneos pertenece al modelo de reapertura de varios puntos de interés. Para este análisis, los investigadores modelaron una reapertura completa de cada categoría de PDI en función de los niveles de movilidad de marzo, dejando las demás cerradas”.

Los expertos descubrieron que, en promedio en las áreas metropolitanas, los restaurantes de servicio completo, los gimnasios, los hoteles, los cafés, las organizaciones religiosas y los restaurantes de servicio limitado producían los mayores aumentos previstos en las infecciones cuando se volvían a abrir. Los restaurantes eran especialmente riesgosos, con 596 mil casos pronosticados para finales de mayo si reabrían a plena capacidad.

“Los modelos de este estudio son tan buenos como los supuestos en los que se basa. En este caso, la suposición se reanuda en la ocupación máxima completa hasta los niveles anteriores al COVID-19. Pero ningún negocio, incluidos los gimnasios, ha abierto a plena capacidad o incluso aboga por abrir a plena capacidad”, opina Black Larcom.

“Este análisis nos dice mucho de lo que ya sabemos: si reabrimos a los niveles de capacidad pre-pandémicos, que a menudo no facilitan una distancia social adecuada, es probable que aumenten los casos de COVID-19. Tampoco está claro a partir de este estudio hasta qué punto los científicos tomaron en cuenta el uso de barbijos, el distanciamiento social, la ventilación y las prácticas de higiene”, agrega.

Otro hallazgo clave en este estudio, y que los autores afirman que se sostiene incluso frente a las propias limitaciones de la investigación, es que las personas en CBG de bajos ingresos tienden a tener tasas de transmisión más altas porque no pueden limitar la movilidad. Para remediar esto, los expertos recomiendan aplicar medidas para abordar las desigualdades socioeconómicas profundizadas por el COVID-19.

“Las políticas que proponen los científicos para remediar esta situación son importantes a corto plazo para controlar la propagación del coronavirus. Sin embargo, tampoco se deben olvidar los enfoques a largo plazo para abordar y prevenir comorbilidades como la obesidad y la diabetes, y para fomentar la actividad física regular”, concluye Black Larcom.

Fuente: IHRSA