El ejercicio físico, incluso leve, reduce el riesgo de mortalidad, según un estudio estadounidense

El ejercicio físico, incluso leve, reduce el riesgo de mortalidad, según un estudio estadounidense

El ejercicio físico, incluso en un nivel de intensidad leve, reduce el riesgo de mortalidad, según un estudio publicado la semana pasada en The Journals of Gerontology. Para esta investigación, los científicos observaron y midieron durante 7 días seguidos los niveles de actividad física  en 5878 adultos mayores de entre 63 y 97 años de edad.

La medición de la cantidad de ejercicio realizada por los participantes del estudio se hizo con un acelerómetro, lo cual le permitió a los investigadores conocer de manera exacta cuánto tiempo pasaban las mujeres sentadas, quietas, de pie o en movimiento. Lo que descubrieron es que el simple hecho de estar de pie ya impactaba de forma positiva en su salud.

“Los niveles más altos estando de pie se asociaron con un menor riesgo de mortalidad por todas las causas. Estar de pie es un método viable para interrumpir el tiempo sedentario prolongado y, si no está contraindicado, es un comportamiento seguro y factible que parece beneficiar la salud en las edades más avanzadas”, afirman los investigadores.

“Hubo 691 muertes en el grupo de participantes durante el período analizado. El riesgo de mortalidad fue menor entre las que estaban más de pie sin deambular y con deambulación. La relación entre estar de pie o en movimiento y la mortalidad fue un 37% menor en comparación con las mujeres que contaban con un tiempo sedentario”, agregan.

“Los resultados -prosiguen- indicaron que, aunque el mayor tiempo que llegaban a pasar quietas y de pie las participantes era de unos 90 minutos, los beneficios para la salud ya empezaban a verse a partir de la media hora. Los mayores beneficios se encontraban entre aquellas que, además de estar de pie, también se movían por su entorno”.

La investigación fue desarrollada por Purva Jain, John Bellettiere, Nicole Glass y Andrea Z. LaCroix, todos científicos de la Universidad de California. También contó con la colaboración de Michael J. LaMonte -de la Universidad de Buffalo-, Chongzhi Di -del Fred Hutchinson Cancer Center-, Robert A. Wild -de la Universidad de Oklahoma– y Kelly R. Evenson -de la Universidad de Carolina del Norte-.