Un informe de Europe Active resume el impacto positivo de la actividad física regular en la función inmunológica

Un informe de Europe Active resume el impacto positivo de la actividad física regular en la función inmunológica

Europe Active, una organización sin fines de lucro con 21 años de antiguedad cuyo fin es promover el fitness en Europa, presentó en agosto pasado un informe que resume el el impacto positivo de la actividad física en la función inmunológica. “El ejercicio –destaca- es la herramienta crítica de prevención y recuperación para combatir una segunda ola de COVID-19”.

A continuación transcribimos el resumen final de los autores, con las conclusiones más importantes:

Las personas con obesidad / sobrepeso, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2 suelen tener una inflamación crónica de bajo grado. Esto se caracteriza por un aumento de las citocinas proinflamatorias y los inflamasomas, lo que predispone a estos individuos a un mayor riesgo de infección junto con resultados de salud más adversos.

Este es ciertamente el caso con respecto al COVID-19, ya que las personas con afecciones médicas subyacentes tienen muchas más probabilidades de ser hospitalizadas si contraen COVID-19 en comparación con sus contrapartes sanas (Chow et al, 2020).

Uno de los mecanismos mediante los cuales se cree que la actividad física previene las enfermedades crónicas es reduciendo la inflamación celular (Booth et al., 2012). Esto podría tener importantes implicaciones para la prevención de enfermedades transmisibles y no transmisibles. De hecho, en una revisión reciente, Zbinden-Foncea y sus colegas (2020) sugirieron que una alta aptitud cardiorrespiratoria podría conferir una protección inmune innata contra Covid-19.

El mecanismo propuesto por Zbinden-Foncea y sus colegas fue que el efecto protector podría ocurrir al atenuar el «síndrome de la tormenta de citocinas», que a menudo experimentan las personas «en riesgo». Es importante destacar que este mecanismo requiere mayor atención en la investigación. De hecho, conocemos los informes de que las personas que anteriormente eran muy activas continúan sufriendo síntomas relacionados con COVID-19, en particular fatiga, durante meses después del primer diagnóstico 11.

Una alta aptitud cardiorrespiratoria podría atenuar potencialmente el estado proinflamatorio inducido por COVID-19 y prevenir una respuesta severa a la enfermedad. En términos más generales, tener una aptitud cardiorrespiratoria elevada y hacer ejercicio a una intensidad de moderada a vigorosa de forma regular puede mejorar las respuestas inmunitarias a la vacunación, reducir la inflamación crónica de bajo grado (Simpson y Katsanis, 2020) y mejorar varios marcadores inmunitarios en varios estados de enfermedad, incluido el cáncer, VIH, enfermedades cardiovasculares, diabetes, deterioro cognitivo y obesidad (Duggal et al., 2019; Walsh et al., 2011).

El impacto positivo de la actividad física sobre la función inmunológica se ha destacado en otra revisión reciente. Al redefinir el impacto potencial de la función de salud inmunológica del ejercicio a lo largo de la vida, los autores (Campbell, Turner, 2018) identificaron que la actividad física regular y el ejercicio frecuente aumentan los aspectos de la competencia inmunológica a lo largo de la vida. De hecho, una sola sesión aguda de ejercicio parece mejorar la respuesta inmunitaria a la vacunación tanto en individuos jóvenes como mayores.

Es probable que los efectos beneficiosos de la actividad física sobre la función inmunológica sean mayores para los adultos mayores que presentan el deterioro de la competencia inmunológica asociado con la edad, también conocido como inmunosenescencia (Aw et al., 2007). Además, la evidencia preliminar sugiere que la actividad física y el ejercicio estructurado regular podrían incluso limitar o retrasar el envejecimiento inmunológico (Campbell, Turner, 2018; Nieman, 2020).

Los datos epidemiológicos también indican que las personas físicamente activas son menos propensas a reportar síntomas de enfermedad respiratoria superior y hay evidencia de que el ejercicio puede proteger a la persona de muchos tipos de infecciones virales, incluida la influenza, el rinovirus (otra causa del resfriado común) y la reactivación de infecciones latentes como Epstein-Barr (EBV), varicela-zoster (VZV) y herpessimplex-virus-1 (HSV-1) (Duggal et al., 2019).

Un estudio de Martin y colegas (2009) también mostró que el entrenamiento con ejercicios de intensidad moderada durante una infección de influenza activa protegió a los ratones de la muerte y promovió una composición favorable de las células inmunes y cambios de citocinas en los pulmones asociados con una mejor supervivencia (Martin et al., 2009).

Las personas físicamente activas han demostrado un mejor control de las infecciones virales latentes, incluso durante los períodos de aislamiento y confinamiento. Por ejemplo, un trabajo reciente de Simpson & Katsanis demostró que los astronautas con mayor aptitud cardiorrespiratoria y resistencia del músculo esquelético tenían ~ 40% menos de probabilidades de reactivar un herpesvirus latente durante una misión de 6 meses a la Estación Espacial Internacional (ISS).

Particularmente si pudieron mantener su condición física en la ISS (Agha et al., 2020). Incluso en los astronautas que reactivaron un virus, las copias de ADN viral fueron menos en los astronautas más aptos, lo que indica que eran menos contagiosas que sus contrapartes menos aptas. La reactivación viral latente es un sello distintivo de la inmunidad comprometida, que, en este contexto, consideramos que se debe a los factores estresantes asociados con el aislamiento y la inactividad como resultado del confinamiento en la EEI (Simpson y Katsanis, 2020).

Finalmente, la investigación también ha demostrado cómo los períodos de aislamiento y confinamiento elevan los glucocorticoides (por ejemplo, el cortisol) que pueden inhibir muchas funciones críticas de nuestro sistema inmunológico (Simpson y Katsanis, 2020). Estos incluyen la capacidad de nuestros linfocitos para multiplicarse en respuesta a agentes infecciosos y las funciones efectoras de las células NK y las células T CD8 +, todas las cuales son esenciales en el reconocimiento y eliminación de células cancerosas o infectadas por virus (Duggal et al., 2019).

Tomados en conjunto, estos estudios respaldan la opinión de que la actividad física regular y el mantenimiento de un peso saludable mejoran la salud inmunológica al tiempo que reducen el riesgo de varios tipos de enfermedades respiratorias (Nieman, Wentz, 2019). Como se discutió anteriormente, “estas estrategias de prevención primaria contra enfermedades respiratorias son particularmente importantes en sociedades envejecidas con una alta prevalencia de obesidad y comorbilidades relacionadas y son adyuvantes esenciales para las prácticas de mitigación” (Nieman, 2020).

Pueden leer el informe completo (en inglés) desde aquí http://mercadofitness.com/pdf/The_positive_impact_of_physical_activity_and_exercise_Aug2020_web.pdf